jueves, 27 de diciembre de 2012

KATHERINE MANSFIELD

 Un amigo me la recomendó en una tarde otoñal  mientras salíamos a la ya nocherniega calle Gamazo de Valladolid. Me dijo que, para él, era la mejor cuentista que había leído nunca. Al sábado siguiente, me acerqué a ver a mi amigo Miguel, el de Sandoval, y le compré  Fiesta en el jardín. Y en estos relatos de la escritora neozelandesa he estado metido hasta que empecé a Perec y sus instrucciones de uso para la vida (que me perdone la modificación que he hecho de su título), libro con el que llevo más de veinte años de retraso con mi amigo, Pablo Perera, gran filósofo de Saucelle y seguidor de Deleuze por las “mil mesetas”. De Perec hablaré cuando lo termine; hoy os cuento de Mansfield.
         Su vida no es, digamos, sencilla: se casa con su profesor de canto, George Bowden, al que abandona en la noche de bodas;  mantiene relaciones con John Middleton Murry con el que se acabará casando, eso sí, sin olvidarse de su D.H. Lawrence y de sus relaciones con Ida Baker. Como se puede comprobar, no es una vida para una novela ejemplar, sin embargo no somos nadie para entrar en juicios morales y, si la traemos a este blog, es para hablar de su literatura.
         Sus cuentos me han gustado. Quizás no es la mejor (¡ay eso del mejor y del peor!), pero es muy buena. Si tenéis dudas, leed Fiesta en el jardín, relato que da título al libro, La lección de canto, o el que cierra el volumen La doncella de la señora (¡ojo! que no la criada del señorito que decía la inconmensurable Gracita Morales). Una buena lectura la de los cuentos de la Mansfield.Por cierto,  que se murió en París, no de aguacero como el peruano que todos tenéis en mente, sino de tuberculosis que también es una manera muy literaria de morirse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario