miércoles, 21 de agosto de 2013

UN MALLORQUÍN QUE ESCRIBÍA MUY BIEN

En estos días veraniegos en que me hubiera gustado ir a Mallorca, pero que no ha podido ser porque Alonso, nuestro tercer hijo ha venido al mundo, me he consolado de mi ansia mallorquina leyendo a uno de los grandes escritores baleares: Lorenzo Villalonga. Hace ya algún tiempo que leí Bearn y, aconsejado muy sabiamente por Jiménez Lozano que ya llevaba algún tiempo diciéndome que merecía la pena su lectura, me he enfrascado con las Falsas Memorias y la aventura ha merecido la pena. Bien narradas y con ese poso de melancólica aristocracia que recorre toda la obra del escritor, las Falsas Memorias me han deleitado, me han entretenido y me han enseñado. Don Lorenzo era muy amante de lo francés al igual que un servidor y me ha llevado a la lectura de Lamartine del que ya os contaré. Os aconsejo la obra si es que os sigue gustando la buena literatura y no os habéis pasado al bando de la literatura excrementicia como denomina Villalonga a la literatura que se escribía allá por 1966 cuando él escribió sus memorias y que, no lo vamos a ocultar, también abunda cuarenta y siete años después.

       
Me gusta esta idea con la que cierra el capítulo IV de la primera parte:

“La tontería, variante en la forma, se conserva fiel a sí misma”.

 
Y que usted lo diga, don Lorenzo.

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