viernes, 11 de diciembre de 2015

EVARISTO SILIÓ Y RODRÍGUEZ


Hay autores, poetas en concreto, que te emocionan y que, si estamos en otoño como estamos ahora, hacen que recojas algunas hojas muertas, al estilo de Jacques Prevert, y las guardes como un tesoro entre sus páginas y ahí se quedan entre las hojas llenas de poemas y un buen día, quizás muchos años después, las descubrimos con una sensación entre alegre y nostálgica. Un autor que ha merecido este privilegio es Evaristo Silió y Gutiérrez al que conocí leyendo esa novelita de Enrique Menéndez Pelayo, La Gaviota, que tanto me gustó y de la que ya he hablado en este blog. Silió es un poeta con un acento leopardiano, pero que lo resuelve siempre con un sentido cristiano. Su Fiesta en la Aldea es un gran poema, de esos poemas que antes los niños se aprendían de memoria, par coeur dicen con acierto los franceses, y los recordaban toda su vida. Me emociona este poeta cántabro que nació en Santa Cruz de Iguña, hermoso valle, y que, impregnándose de esa belleza, se dedicó a una poesía de “los del Norte” que dijo don Alberto Lista. El prólogo, ¡cómo no! de don Marcelino Menéndez Pelayo no tiene desperdicio. Y es que don Marcelino era mucho don Marcelino como ya veremos en otra entrada.
. Os dejo un fragmento de un poema suyo y seguro que me lo vais a agradecer.
¡Si miro la noche oscura 
Del porvenir, sólo miro 
La sombra de la amargura, 
La dicha que anhelo, no!»— 
Aquí del alma doliente 
Lanzó un amargo suspiro, 
Y una lágrima ferviente 
De su pupila brotó! 
 
 
 
—¡Fatal mudanza de vida! 
Clamó á este punto, afligida 
Una anciana servidora 
Que la oía suspirar; 
No busques en Galilea 
La paz que tu alma desea. 
Vuelve á Bethania, Señora, 
Vuelve á tu tranquilo hogar! 
 
 
 
Allí sin desvelo tanto, 
Y libre, gracias al cielo. 
De este profundo quebranto. 
Siempre tranquila te yí; 
Reprime el funesto anhelo 
Que de tu lares te aparta. 
Mira que Lázaro y Marta 
Viven felices allí!» 
 

 
 
 

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