martes, 12 de septiembre de 2017

OBSERVACIONES Y RECUERDOS DEL CONDE DE ROMANONES



En estos días septembrinos tan hermosos, me he puesto a leer a Romanones en su libro Observaciones y recuerdos. El conde estevado  fue un prolífico escritor que dejó muchos libros cuando falleció en 1950. Abogado de formación, pero que tan sólo  ejerció una vez, en un caso de oficio en el crimen de la Guindalera, tal y como cuenta en el libro, Romanones fue ante todo político y monárquico para más señas. En el libro, que se deja leer, es insufrible cuando habla de Jerusalén como la ciudad en manos de los deicidas, pero el resto se disfruta. Recordemos que el conde ya alcanzaba los ochenta cuando lo escribió y ya se sabe aquello que, del viejo, el consejo. Sin embargo, falta uno que yo oí siempre en mi casa:

         Parece ser que el conde paseaba por Madrid con un amigo y que éste, al ver en una obra a un grupo de obreros echando la bendita siesta de los pobres, le dijo: “Romanones, mire cómo duermen los obreros”. A lo que el conde contestó: “Déjelos usted dormir que el día que despierten…”

         Tiene toda la pinta de ser apócrifa, pero es graciosa. También -  y esta es verdadera-, solía decir: “Ustedes hagan las leyes que yo haré los reglamentos”.

         Había nacido en Madrid en 1863 y provenía de una familia noble – los padres eran los marqueses de Villamejor- que poseían casi media Guadalajara y las minas de la Unión en Cartagena. El pobre se quedó cojo al caerse de un coche de caballos en la infancia y eso le hizo blanco de las caricaturas de la époeca.  Algunos historiadores lo consideran el típico político maniobrero y con una tendencia al caciquismo (en Guadalajara, “salió” diputado durante cincuenta años), pero nos dejó dos leyes que son dignas de recordar: la que permitió que los maestros cobraran del Estado y la que dejaba la jornada laboral en ocho horas.

         Don Álvaro se casó con una hija de Alonso Martínez, el prestigioso abogado madrileño con el que trabajó Germán Gamazo y, entre su hijos, tenemos que destacar a Agustín, padre de Natalia Figueroa y suegro de Raphael, hombre dedicado al teatro que solía decir con cierta gracia: “Primero fui el hijo de Romanones; luego el padre de Natalia y ahora el suegro de Raphael”. Don Agustín fue Marqués de Santo Floro, título que no  lleva en la actualidad su primogénita Natalia, siendo el conocido cantante de Linares marqués consorte y, por si fuera poco, ambos, Rafael Martos y Natalia Figueroa, consuegros de Pepe Bono. ¡Qué más se puede pedir a la vida!

O MUSEU DE ARTE NOVA EM AVEIRO




Creo que con esta entrada voy a cerrar, por este año, los artículos sobre Aveiro. La verdad es que escribir sobre tan hermosa ciudad portuguesa es segur con el corazón y la memoria en sus rúas y hasta sentir un poquito el olor a maresía que inunda sus calles. Además de los huevos, de los barcos moliçeiros, de las salinas, de sus monasterios, de su reina Juana y de sus anguilas, Aveiro es la capital de Arte Nova (modernismo para nosotros) en Portugal. Sus calles son un catálogo vivo de construcciones de Arte Nova que tiene su culmen en la conocida como casa Pessoa que alberga el Museo de Arte Nova de Aveiro. Esta casa reúne todos los elementos característicos del modernismo portugués que también pueden ser los del modernismo español: aves, rejas, colorismo y un largo etcétera. Pero no hace falta más que recordemos a Gaudí para que podamos ver que el parecido de esta casa Pessoa y el Capricho comillense de don Antonio es grande y que ambas construcciones tienen muchos puntos de contacto. Si vais a Aveiro, no dejéis de visitar esta  casa que alberga también una casa de chá en donde se puede degustar un exquisito té. De nada.

LA NODICIA DE KESOS




La Nodicia de Kesos es un documento fundamental en la evolución de las lenguas romances en la península ibérica. Al igual que los Cartularios de Valpuesta, de los que tratamos en una entrada anterior, suponen un estadio del latín que comienza a distinguirse del latín vulgar y a fragmentarse en varios protorromances que, en este caso, sería el leonés. Don Ramón Menéndez Pidal la situó en 980, pero estudios más recientes de Fernández Catón los sitúan entre los años 974 y 975 por causa de una referencia histórica que no es otra que la visita histórica del rey Ramiro III. El despensero del monasterio redactó el documento o nodicia sin basarse en un modelo- como ocurría en la lengua jurídica-, sino que lo redacta de forma libre y espontánea. Aquí os dejo el texto para que no todo sea hablar de móviles, fútbol y la independencia catalana.

Según la reciente edición de Fernández Catón et al., 2003:

(1ª columna)

(Christus) Nodicia de / kesos que / 3 espisit frater / Semeno: In Labore / de fratres In ilo ba- / 6 celare / de cirka Sancte Ius- / te, kesos U; In ilo / 9 alio de apate, / II kesos; en que[e] / puseron ogano, / 12 kesos IIII; In ilo / de Kastrelo, I; / In Ila uinia maIore, / 15 II;

(2ª columna)

/ que lebaron en fosado, / II, ad ila tore; / 18 que baron a Cegia, / II, quando la talia- / ron Ila mesa; II que / 21 lebaron LeIone; II / ...s...en / u...re... / 24...que.... / ...c... / ...e...u... / 27 ...alio (?) ... / ... / ... / g...Uane Ece; alio ke le- / 30 ba de sopbrino de Gomi / de do...a...; IIII que espi- / seron quando llo rege / 33 uenit ad Rocola; / I qua Salbatore Ibi / uenit.

Una versión al castellano actual de la Nodicia podría ser:

Relación de los quesos que gastó el hermano Jimeno: En el trabajo de los frailes, en el viñedo de cerca de San Justo, cinco quesos. En el otro del abad, dos quesos. En el que pusieron este año, cuatro quesos. En el de Castrillo, uno. En la viña mayor, dos [...] que llevaron en fonsado a la torre, dos. Que llevaron a Cea cuando cortaron la mesa, dos. Dos que llevaron a León [...] otro que lleva el sobrino de Gomi [...] cuatro que gastaron cuando el rey vino a Rozuela. Uno cuando Salvador vino aquí.

Para que luego digan que con un negocio de quesos no se va a ninguna parte.


LOS CARTULARIOS DE VALPUESTA


Ya hacía algún tiempo que quería escribiros sobre los Cartularios de Valpuesta que son unos documentos del siglo XII, copia, a su vez, de otros documentos del siglo IX. La Real Academia dice que los cartularios están escritos en “una lengua latina asaltada por una lengua viva” y en las que aparecen palabras escritas en castellano anteriores  las Glosas Emilianenses. En los Cartularios podemos encontrar algunos rasgos romances de los que os señalo tres:

  1. Diptongación de la e y o breves tónicas latinas. pelle> piel; forum> fuero.
  2. Pérdida de la postónica: fraxinum> fresno
  3. Sonorización de las sordas intervocálicas: Capitia> cabeza
     
    Hay muchos más, pero esto es una entrada de blog y no un escrito universitario.
     
    Os pongo, con todo mi cariño, el texto del año 844, para que, si gustáis, os deis al pasatiempo de buscar algunas características románicas en este antiguo texto. No todo va a ser fútbol.
     

«...in loco que uocitant Elzeto cum fueros de totas nostras absque aliquis uis causa, id est, de illa costegera de Valle Conposita usque ad illa uinea de Ual Sorazanes et deinde ad illo plano de Elzeto et ad Sancta Maria de Uallelio usque ad illa senra de Pobalias, absque mea portione, ubi potuerimus inuenire, et de illas custodias, de illas uineas de alios omnes que sunt de alios locos, et omnes que sunt nominatos de Elzeto, senites et iubines, uiriis atque feminis, posuimus inter nos fuero que nos fratres poniamus custodiero de Sancta Maria de Valle Conpossita...»[3]

 

 


miércoles, 6 de septiembre de 2017

LAS SIRENAS FADISTAS DE PLINIO EL VIEJO





Cuenta Plinio el Viejo en su Historia Natural , Libro IX, capítulo IV, lo que sigue:
Tiberio principi nuntiavit Olisipoensium legatio ob id missa, visum auditumque in quodam specu concha canentem Tritonem qua noscitur forma. et Nereidum falsa non est, squamis modo hispido corpore etiam qua humanam effigiem habet. namque haec in eodem spectata litore est, cuius morientis etiam cantum tristem accolae  apparere exanimes Nereidas scripsit.
Que en castellano dice:
         Al emperador Tiberio le anunció una embajada de Olisiponenses, enviada para este fin se había visto y se había escuchado en una cueva a un Tritón que, con su aspecto habitual, estaba tocando una caracola. Y no son una falsedad las Nereidas, con su cuerpo áspero cubierto de escamas incluso en la parte que tienen forma humana. Pues también en esta misma costa se ha visto a una, cuyo triste canto de agonía los habitantes escucharon a lo lejos y un legado de la Galia, en tiempos del divino Augusto, dio testimonio de que muchas Nereidas aparecen muertas en la costa.  
         En este texto tenemos que decir, como improvisadas notas a pie de página,  que Olisiponenses eran los antiguos lisboetas y que las Nereidas son como denomina Plinio el Viejo a las sirenas.
         Y perdonadme si os escribo esta pregunta que me hago: ¿No serían estas sirenas cantadeiras las primeras fadistas? ¿No sería ese Tritón, antes de que llegaran a tierras lusas as guitarras su primer acompañante? Quizás el antecedente de Lucia do Carmo, de Amalia o de Argentina Santos esté en estas pobres sirenas que morían en la playa con un triste canto de agonía en su boca. Lo propongo a mis hermanos portugueses para una nueva historia del Fado.

sábado, 2 de septiembre de 2017

CRISTO, EL CAMELLO Y EL CALABROTE



19.24  πάλιν δὲ λέγω ὑμῖν, εὐκοπώτερόν ἐστιν κάμηλον διὰ τρυπήματος ῥαφίδος διελθεῖν ἢ πλούσιον εἰσελθεῖν εἰς τὴν βασιλείαν τοῦ θεοῦ.

         Estas palabras son las muy conocidas de Cristo de que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos. Pues bien, sobre estas palabras, recuerdo un pequeño artículo de Unamuno, de los pocos en los que trata sobre su profesión, profesor de Griego, en el que el vasco viene a decir lo siguiente:

  • Que por aquella época la eta había comenzado a padecer el fenómeno conocido como iotacismo, es decir, el que su sonido fuera pasando de la e larga a la i tal y como ocurre en el griego moderno.
  • Que era probable que San mateo lo que escribiera fuera kamilos con iota y no kamelos con eta.
  • Si esto fue así, estamos ante una nueva lectura del evangelio de Mateo ya que kamilos, significa calabrote o maroma con lo que la exageración o hipérbole  de Cristo se vería mitigada quedando el texto así:

“Es más fácil que un calabrote entre por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos”.

         Cosas de don Miguel de Unamuno y de aquellos que tenemos el vicio de leer los Evangelios en griego.

miércoles, 30 de agosto de 2017

LA HUIDA DEL TIEMPO Y JOSEP PLA




La huida del tiempo es un libro del maestro Josep Pla. Yo he leído a Pla desde que era muy joven, casi desde mi infancia lectora y siempre me gustó su delicada sensibilidad por la naturaleza, por los detalles, por las cosas pequeñas que, a la larga, suelen ser las más grandes. Seguir el calendario con don Josep es ver el año de otra manera: con santos barbudos, con los vientos que soplan, con los productos de la huerta, con los crujidos invernales de la masía, con el mar y sus velas latinas a lo lejos. Con Pla, he viajado a por toda Europa, he comido en variopintos restaurantes, he dormido en todas las camas y las he aprendido a distinguir con él (magistral en sus Cartes de lluny el artículo dedicado a las camas).  Pla, que no fue exactamente un pagés, se lo hace divinamente. Tampoco fue el solitario que cuenta, pero eso no tiene ninguna importancia. Don Josep escribe unas de las mejores prosas que se han escrito en España en el siglo XX: limpia, tersa, delicada. Él dice que fumaba para buscar los adjetivos y que, cuando los encontraba, se tomaba una tortilla francesa para cenar. Como saben los que me conocen era y es uno de mis señores feudales a quienes sirvo vasallaje desde hace muchos años junto a Álvaro Cunqueiro, mi Baroja, mi Galdós,  mi Pereda y mi Manuel Chaves Nogales, un grande olvidado y que tiene un libro sobre Cataluña que resulta imprescindible en estos tiempos que corren. La pena es que las chicas de la CUP no han leído a Pla en su vida, ni a Chaves Nogales, ni a Baroja, ni a Pereda, ni a Galdós ni a nadie : se les nota a la legua.

FILIPA LEAL







A Filipa Leal, la poetisa de Oporto, la conocí en unos de aquellos pedidos que yo hacía a la Livraria Portugal, en la Rua do Carmo, y que, por desgracia, cerró hace ya unos años. Estuve una vez en ella (hacía un calor espantoso que intentaban aliviar con un ventilador) y, pese a que me habían enviado muchos pedidos, la revelación de mi nombre no les causó ninguna sensación. Comenzaba a convertirme en el hombre invisible que soy a día de hoy. Pues bien, a lo que iba: en uno de aquellos pedidos venía un libro de una poetisa joven que me puse a traducir y cuya traducción terminó en mi carpeta o en los hondones del ordenador esperando mejor ocasión. Sin embargo, el destino me guardaba una sorpresa y allá por  mayo de 2008 o 2009, en la Feria del libro de Valladolid, que por aquellos años se montaba en el Campo Grande, en la carpa dedicada a literatura portuguesa, João de Melo y Filipa Leal estaban hablando de poesía en Portugal. Yo me había acercado avisado por el primero, hasta aquella carpa y, cuando de Melo me presentó a Filipa, yo le dije que había traducido su libro A cidade liquida y la poetisa se quedó a cuadros, se fumó un Português y me dijo que saliéramos a la avenida central del Campo Grande en donde estuvimos hablando un buen rato. Cuando acabé la traducción y me la publicó Paco en su Sequitur, hoy devenida Casimiro, le envié un ejemplar y le gustó.


         Este año, al pasar por Oporto y visitar su FNAC, compré su libro Vem a Quinta-Feira y, después de leerlo, veo en ella una poeta más madura que aquella que traduje hace nueve años. Yo ya me he cortado la coleta en lo referente a traducciones porque harto tengo con lo mío, pero os recomiendo su lectura. Y si Filipa lee este humilde blog, vaya mi saludo para ella desde los más profundo de Castilla, allí en donde vienen a morir las arias de Haendel según dijo el maestro don Antonio Colinas.

RECUERDO SENTIMENTAL DE GUARDA




Cuando el viajero llega a Guarda, esa ciudad que se encarama en un monte hasta legar a la Sé, es ya agosto entrado. Hace tiempo que conoce la ciudad y en su recuerdo pervive esa imagen de un señor al que le preguntó su padre por el camino a Covilha y, mientras le respondía al padre del viajero, llegó un familiar y le besó. No sé porque al viajero se le ha quedado esta imagen de Guarda, pero es la que conserva. ¡Qué le vamos a hacer! En esa mañana de agosto el viento sopla en Guarda y juega a husmear por las callejas. Nada más llegar, el viajero siente algo especial: un algo que le dice que esa ciudad lo estaba esperando desde hacía muchos años y, como en otras ocasiones, el viajero se deja llevar.

         De pronto, en una pared, una inscripción en piedra recuerda al rey Sancho I, el fundador de la ciudad, el rey poeta, y uno de sus versos:

Muito me tarda

o meu amigo na Guarda

¿Qué haría el amigo en Guarda? Estaría oyendo como él el viento? ¿Estaría viendo pasar las nubes en loca carrera camino del sur?¿Estaría resguardado del frío al fuego de una lareira? Hay otras posibilidades, pero el viajero no quiere entrar en ellas y sigue calle arriba.

En una de sus rúas, se compra un queso y luego, a indicaciones del buen quesero, asciende por un arco en el que lo espera la imagen de Unamuno, el gran visitador de Portugal, el gran amante, como el viajero, de las tierras lusas. Y, una vez metido na cidade velha, el viajero se recorre sus vielas en las que de pronto ha llegado el invierno y en una noche fría – Guarda es en una de sus cinco efes- a cidade fría- la nieve está llamando en su ventana mientras un candelabro de siete brazos está encendido. El viento sigue soplando en esa noche de Guarda en que parece que viven todas las noches del mundo, todos los inviernos del mundo, todo el frío del mundo. Y hay gentes que pasan rezando un kadish por los que ya son viento en el viento, frío en el frío, noche en la noche y el viajero, otra vez en agosto, ha llegado hasta una plaza, la enorme plaza que está dedicada a su amigo Luis de Camõens, el gran poeta luso, y en ella ve unos soportales y unas casas blanacas. Una de ellas es A casa do bom café, recuerdo del pasado colonial de Portugal, cuando las colonias llevaban a las metrópolis el buen café que creó esa cultura cafetera tan portuguesa. Y el viajero regresa y se perjura que un día volverá a Guarada, la cidade fría, farta, forte, formosa e fiel y sabe que Guarda lo estará esperando con su viento frío, con sus candelabros de siete brazos, con su kadish, con su nieve que es vida en la muerte de la noche de todas las noches.

 

lunes, 28 de agosto de 2017

ATAHUALPA YUPANQUI








Yo recuerdo tu voz, viejo indio de cara ancha como tu corazón valiente,  sonando en aquellas noches de verano en que volvíamos de la sierra y el calor iba entrando en el coche como una lengua de fuego que limpiaba mis pequeños pecados niños. En la radio del coche, tu voz y tu guitarra me producían una sensación de venir de muy lejos, de unas tierras remotas que nunca conocería, de países en donde los muertos convivían en la calle con los vivos. Mas,  de pronto, se perdía la emisora y una voz más lejana se colaba de pronto y hacía aún mayor el misterio de voz de los llanos. ¿De dónde venían esas emisoras? ¿Quizás de islas perdidas en medio del océano? ¿De países lejanos como lejano es ahora el país de mi infancia? Y, por debajo de ellas, otras aún más distantes, más extrañas, más misteriosas. Pero la seguridad de una mañana de luz radiante en la azotea podía todos mis miedos y tú, viejo indio de cara ancha como tu corazón valiente, seguías cantando historia de ríos, de carretas, de un Dios al que le hacías preguntas. Yo ahora recuerdo tu voz, viejo Atahualpa Yupanqui, ahora que ya te has ido muy lejos por el caminito del indio, ahora que Dios te hace a ti las preguntas. Yo ahora recuerdo tu voz en este viejo disco y sin querer, viajo de nuevo de regreso a casa, con el calor como una lengua de fuego que limpia mis pecados grandes de adulto. Gracias, Atahualpa, por poner esa voz en mi infancia que no ha dejado de sonar hasta ahora.

DE PERRITOS Y PERROS EN EL EVANGELIO DE SAN MATEO


Dedicado a don Antonio Ruiz de Elvira

 a quien tanto le hubiera gustado esta pequeñez.

 

         Pues resulta que esta entrada ha venido por el Evangelio del domingo día 20 en que se nos habla de la mujer cananea y de cómo Jesús le dice que no está bien dar a los perritos la comida de los hijos y cómo la mujer le responde que también los perritos comen de la mesa de los amos las migajas que se caen. Y viene a cuento porque esta traducción es la nueva que se usa en las lecturas. Vamos a ver cómo aparece en el texto griego del Evangelio de Mateo:

 

ὁ δὲ ἀποκριθεὶς εἶπεν, Οὐκ ἔστιν καλὸν λαβεῖν τὸν ἄρτον τῶν τέκνων καὶ βαλεῖν τοῖς κυναρίοις.

 

ἡ δὲ εἶπεν, Ναί, κύριε, καὶ γὰρ τὰ κυνάρια ἐσθίει ἀπὸ τῶν ψιχίων τῶν πιπτόντων ἀπὸ τῆς τραπέζης τῶν κυρίων αὐτῶν.
28  τότε ἀποκριθεὶς ὁ Ἰησοῦς εἶπεν αὐτῇ, Ὦ γύναι, μεγάλη σου ἡ πίστις· γενηθήτω σοι ὡς θέλεις. καὶ ἰάθη ἡ θυγάτηρ αὐτῆς ἀπὸ τῆς ὥρας ἐκείνης.

 

Vemos que, tanto Jesús como la mujer, usan la palabra kynarion que se traduce al castellano como “perrito”. Sin embargo, en la traducción de la Vulgata encontramos canis, para el primero, y catellus, “perrito” para el segundo.

No puedo decir el porqué de esta variación en la vulgata, pero ya veis que el texto de San Mateo es muy claro al respecto.

         En fin que ya veis: cuando el Diablo no tiene nada que hacer, pues mata moscas con el ordenador.

 



HUMILLADOS Y OFENDIDOS




Al conocer el título de esta novela, creí que se trataba en ella de los profesores de Bachillerato o de los profesores en general, pero, al adentrarme en su lectura,  he visto que no, que se trataba de otro argumento. Dejo la broma para deciros que esta novela, poco conocida del maestro ruso en comparación con los grandes “buques insignia”, es una maravilla y que en ella aparece un personaje, el príncipe, que es todo un nihilista. Este tal Piotr Valkovski es un personaje egoísta y hace del egoísmo su moral: todos en el fondo, si hacemos el bien, lo hacemos por nuestro propio placer. Su hijo Aliosha es un personaje manipulable, inmaduro, infantil que nos remite a El Idiota. Está también Vania, el narrador;  la maldecida Natasha y su padre, el señor Ikmeniev que quiere perdonarla y se echa atrás por los convencionalismos sociales y que acabará perdonándola y acogiéndola en su casa. Pero está sobre todo Elena, Nelly; la nieta del señor Smith, la niña mártir que muere por las humillaciones a las que se ha visto sometida. Estos niños que aparecen en las novelas del gran escritor ruso deberían tener un estudio serio por parte de algún filólogo mucho más capacitado que yo porque son de lo más emocionante de toda la literatura del escritor de San Petersburgo.

         Hay en la novela esa lucha entre el bien, encarnado por los humillados y el mal encarado por y en ese príncipe al que tan sólo le gusta su yo y que está encantado de conocerse.

         No os cuento más. Seguro que mi buen amigo Luis Daniel González habría hecho un comentario mejor, pero tenemos que conocer nuestras limitaciones como bien sabían y aplicaban los griegos.

 

LA REINA CATALINA DE PORTUGAL



La reina doña Catalina, hija menor de Felipe el Hermoso y de doña Juana I de Castilla, nació en Torquemada, Palencia, un 14 de enero de 1507 y ya no la pudo conocer su padre que murió en el año de gracia de 1506, según se ha contado siempre, por beber un vaso de agua fría tras jugar un partido de pelota. La niña se crio en Tordesillas con su madre, prisionera en el palacio,  hoy desaparecido,  bajo la custodia férrea de los Marqueses de Denia y no tenía más contentamiento que el realejo de su madre y unas monedas que echaba en el enlosado de la calle para que los niños de Tordesillas acudieran para hacerle compañía y acercarse a la plaza a por chuches. Lo cuenta muy bien, - no podía ser de otra manera- , Laurent Vital, el cronista del primer viaje de Carlos I a España:

         A menudo por petición suya, los niños iban a jugar delante de ella, porque a los niños les gusta ver a otros niños… y a fin de que con más gusto allí volviesen, cada vez les arrojaba alguna moneda de plata”

         Pobre niña en su cárcel de plata que tenía que conformarse con ver jugar, pero no jugar ella misma.

         Sin embargo, esta niña estaba destinada a ser reina de Portugal al casarse con don João III, hermano a su vez de Isabel, la portuguesa con la que se casaba su hermano Carlos, al que tanto quería y respetaba.

         Catalina, muy bien educada por su madre en latines, griego y música (era muy devota como su madre del flamenco Pierre de la Rue) se marchó para Lisboa y allí fue reuniendo una colección de arte que le llegaba de diversos lugares del mundo, pero, en especial, del Asia que los portugueses acabaña de descubrir. Fama tuvieron también la magnífica colección de tapices que, como buena Habsburgo, fue coleccionando en los palacios reales portugueses. No tuvo suerte la pobre con los hijos pues todos se le murieron en tierna edad y tan sólo João llegó a la edad de desposarse con la hija de Carlos V, Juana, de la que nacería el rey don Sebastián, ese muchacho que tantos puntos de contacto tiene con nuestro príncipe don Carlos pues  ambos, como estudió Manuel Fernández Álvare, estarían tocados por un gen loco que iba saltando cada dos generaciones entre los Trastámara primero y entre los Habsburgo,  después. Cuando murió don João III, Catalina, siguiendo las enseñanzas de Juan Luis Vives, se convirtió en la viuda perfecta y llegó a ser una portuguesa más defendiendo en todo momento a su país de origen.

         Sin embargo, ya hacia el final de su vida, Catalina se planteó muy seriamente el regresar a España, decisión que apoyó su sobrino Felipe II. Eligió un convento de Ocaña, Toledo, para pasar su vejez entre las monjas. La causa de este deseo de regresar a su país la ponen los historiadores en las desavenencias que surgieron entre la reina y su nieto don Sebastián, siempre obsesionado por vestirse de gloria en hazañas épicas de las que mentes más preclaras ( léase don Juan de Austria) intentaban disuadirle. Mas con todo, la reina viuda no se vino para España y se retiró al Convento de la Madre de Dios de Xabregas mientras se dedicaba a terminar la capilla que albergaría su sepulcro en le monasterio de los Jerónimos para cuyas pintura recurrió al mismísimo Tiziano, mas no pudiendo éste,  por falta de tempo,  pintarlas, fue el portugués, con ascendencia sevillana, Lourenço de Salzedo, el que las pintó. Aquella niña que buscaba la compañía de los niños de Tordesillas murió en Portugal en 1578, a los setenta y un años con grande sufrimiento, según le escribió Fontana, nuncio papal en Lisboa,  al cardenal Como.

         Y hasta aquí la vida, muy resumida como es lógico, de aquella niña que tanto me emocionó cuando hace ya muchos años leí la vida de doña Juana escrita con mano maestra por ese gran historiador que fue don Manuel Fernández Álvare, sin olvidar que,  ya antes, en los años treinta, se había ocupado de ella el gran Félix de Llanos y Torriglia, el mismo que escribió la biografía de don Germán Gamazo y Calvo, el prócer de Boecillo. Pero eso es otra historia muy larga que se va plasmando poco a poco en un libro que, Dios mediante, quizás vea la luz antes de fin de año.

A VUELTAS CON LOS HUEVOS (MOLES DE AVEIRO)



Acordaos que, el año pasado por estas mismas fechas, traté de los ovos moles aveirenses y di como posible origen una teoría que venía a decir que los huevos se habían inventado por un donativo de huevos que había recibido el convento de las Dominicas  las cuales, al no saber qué hacer con tantos huevos y para que no se estropearan, inventaron tan suculento dulce. Sin embargo, este año he podido tener acceso a otra versión que me parece más apropiada. El origen  se sitúa no en  el Convento de las Dominicas, sino en el de las Madres Carmelitas, bellísimo convento con un artesonado de gran valía. Pero no sólo estaba equivocado el lugar de origen sino el origen mismo de los huevos que, según me lo contaron, os lo cuento: las monjas usaban la clara de huevo para dar el apresto a sus hábitos y no usaban las yemas más que para la cocina y cuyo sobrante terminaría seguramente en la basura. Sin embargo, un buen día, sin duda Spiritu Sancto coadiuvante, a las monjas se les ocurrió que, puesto que tenían oblea sin consagrar para las sagradas formas, podían utilizar ambos ingredientes, la yema y la oblea, y crear un  postre. Y así nacieron os ovos moles que recuerdan a las yemas de Ávila por la mezcla de yema y azúcar y que a un servidor no le gustan recién hechos, sino cuando están algo más secos porque la yema poco compactada me produce un cierto repelús en el paladar. Manías de los Platones que no impiden que este dulce sea un dulce muy apreciado por paladares exigentes y que Aveiro venda cada año, por el verano,  - que siempre es en esta ciudad portuguesa ventoso y bellísimo, con su olor a maresia y su luz suave y como pasada por un fino tamiz - ,  muchos miles de huevos. ¡Y todo por las madres Carmelitas!



miércoles, 23 de agosto de 2017

MIGUEL DE UNAMUNO Y GUARDA




Mi enorme cariño por las tierras portuguesas me viene del libro de don Miguel de Unamuno Por tierras de España y Portugal. En él viajé hasta Guarda y aprendí quién era Teixeira de Pascoaes y Eça de Queroz. Este verano, al pasar por la ciudad capital de la Beira Alta, nos subimos hasta su catedral, a Sé, y paseamos por sus rúas de piedra granítica que tantos recuerdos me trae de Ávila de Santa Teresa. Algo mágico tiene esta ciudad portuguesa, conocida como  como la «ciudad de las cinco F»: Farta, Forte, Fria, Fiel e Formosa. En la hermosa plaza de don Luis de  Camões, comimos un piscolabis mientras veíamos sus soportales y entrábamos en A casa do bom café. En un arco por el que se accede a esa ciudadela de águilas, el recuerdo a Unamuno. Y el viento, el viento de Guarda que habla por las noches al  corazón de los viajeros. El viajero prefiere dejar la pluma a don Miguel de que nos cuenta así de esta ciudad portuguesa.
Entre los diecisiete lugares de Portugal que merecen ser visitados, según reza el mapa excursionista que en los vagones de primera de los trenes ha hecho fijar la Sociedad de Propaganda de Portugal – cuyo lema es pro patria omnia – no figura Guarda. Pero siempre que había yo pasado por la línea de Beira, ya al ir, ya al volver, habíanseme ido los ojos tras de aquella ciudad que allá en lo alto, sobre la montaña, levantaba sus torres contra el cielo. El que la sociedad esa no nos la recomienda era razón de más para que me escociera el visitarla. Y allá fuí, de vuelta de Lisboa, a quedarme un día (...).
Y allí pasé un día, todo un mortal día, en esa Guarda fría, ventosa, húmeda, fea, denegrida y fuerte, que vigila a España. Tiene razón la Sociedad de Propaganda de Portugal.
Pero cuando se llega a un sitio hay que sacarle el jugo, sobre todo nosotros, los forzados del cálamo. Es cosa terrible esto de ver algo para escribir de ello, más bien que escribir porque se ha visto. Pero el oficio... y una vez allí, no iba a perder el viaje.
Y allá me fui, en aquella destemplada tarde otoñiza, a vagar por las calles de Guarda. Pronto las recorrí casi todas, pues es una pequeña ciudad, de unos 6.000 habitantes. A trechos, los canónigos, embozados en sus mantos negros, con sus bonetes, engullidos por las negras puertas de aquellas viejas casuchas; luego, estudiantes del Liceo, rapazuelos de once años, en pelo, con sus levitas y sus remedados manteos blancos, imitando a los de Coimbra (...)
Voy a ver la puerta de sol; un incendio volcánico entre montañas de ceniza. Y luego me envuelve la melancolía otoñal de una villa desconocida. Pensando en cosas melancólicas voy a comer, que es una brutalidad fisiológica independiente del alma, según Camilo. Por fortuna, los últimos días de noviembre son muy cortos y pude acostarme a las siete, con una novela de Camilo a la cabecera de la cama. No sin antes dar un paseo por la villa y pararme ante la imagen del rincón del arco para pensar: !de qué tragedias calladas habrá sido mudo confidente!
Y luego, !qué encanto el que le despierte a uno el sol en un silencio puesto de relieve por lejanos y apagados toques de corneta militar, por campanadas de la iglesia próxima! (...)
Salí a ver la catedral, por fuera más de ver que por dentro. Tiene, sin embargo, su adusto carácter de fortaleza, y desde la terraza un hermoso panorama. Todo el anfiteatro de montañas de la sierra de la Estrella, y al otro lado tierras de España (...)
Fui a ver el Liceo, un Liceo nacional donde se cursan los cinco primeros cursos, con unos 150 alumnos. Cosa deplorable, pobrísima, de la que lo mejor es no hablar (...)
Cuando me hube acomodado en mi vagón, y mientras esperaba a salir, volví a mirar a Guarda, encaramada en su montaña; esa Guarda que tantas veces atrajo mis miradas. Ahora sé ya cómo es por dentro. ¿Lo sé de veras?
Unamuno, Miguel de (1976). Por tierras de España y Portugal. Madrid: Colección Austral Espasa-Calpe, S.A. ISBN: 8423902218. Páginas 73-78.

DOS POETAS GRANADINOS




Ya he dicho en más de una ocasión que lo de ser de Granada es un plus para ser poeta. Antonio Praena, Luis García Montero, Jesús Montiel, entre otros, por no citar a los ya más que conocidos Federico García Lorca y Luis Rosales, nos dan una idea del arte de Granada eso sin nombrar a Falla, un enamorado de la ciudad; a Debussy, que no estuvo pero que le dedicó una obrita a la Puerta del Vino por la postal que le envió Falla y por no hablar tampoco de los Morente o de los Habichuela o de Antonio Amaya, recriado en Barcelona, pero granadino de nacimiento. Estos dos poetas de los que os hablo hoy son José Carlos Rosales, granadino del 52, y Ángeles Mora que aunque cordobesa de Rute, vive en Granada en donde estudió. Podría contar de ellos, pero prefiero dejaros sus versos y cambiaros el poemilla de Icaza antes de copiar sus versos:

Dale limosna, mujer,

que no hay desgracia mayor

que no ser poeta en granada.

 

 

Oigo cómo se abre el grifo de la ducha,

cómo tu piel se moja y me imagino

tu piel llena de espuma

y el agua resbalando con calma por tu cuerpo,

llevándose los trazos monótonos del día,

y no puedo eludir una pregunta,

una vaga inquietud, una pesquisa:

¿Podrá borrar el agua la huella de mis manos?

¿Se notará esta noche, cuando estemos allí

en medio de la gente, el rastro de ese beso

que te daré más tarde en medio de la espalda?

 

Oigo el agua que cae, vuelvo a mirar la hora,

me levanto y te busco, y te miro peinándote

delante del espejo, y al ver tu piel mi duda

se desvanece y huye, ya no vuelve.

José Carlos Rosales


 

Buenas noches, tristeza

La vida siempre acaba mal.
Siempre promete más de lo que da
y no devuelve
                         nunca el furor,
el entusiasmo que pusimos
al apostar por ella.
Es como si cobrase en oro fino
la calderilla que te ofrece
y sus deudas pendientes
-hoy por hoy-
pueden llenar mi corazón de plomo.

No sé por qué agradezco todavía
el beso frío de la calle
esta noche de invierno,
mientras que me reclaman,
parpadeando,
sus ojos como luces de algún puerto.
Por qué espero el calor que se fue tantas veces,
el deseo
por encima de todas las heridas.

Pero acaso me calma una tibia tristeza
que ya no me apetece combatir.

Todo sucede lejos o se apaga
como los pasos que no doy.

La vida siempre acaba mal.
Y bien mirado:
¿puede terminar bien lo que termina?

 

Ángeles Mora

 

MAURA Y LA BELLEZA ESPIRITUAL DE CASTILLA



De todos es sabido que don Antonio Maura y Montaner era mallorquín; quizás menos sepan que se casó con una boecillana, Constancia Gamazo, hermana de Germán Gamazo; quizás muchos menos sepan que venía con frecuencia a Boecillo y que él, un balear, se enamoró del paisaje castellano y nos vio como creo que no nos ha visto ningún escritor castellano. Os recuerdo que los escritores de la Generación del 98, tan amantes de Castilla ellos y que crearon la imagen típica y tópica de Castilla, no eran castellanos, sino levantinos, vascos y de otras zonas “periféricas”. Por eso, no me extraña en absoluto que Maura defendiera así, ni más ni menos que en el Congreso de los Diputados, ese lugar en donde ahora ha entrado el lenguaje de la calle,  tal y como recoge César Silió en su libro, la belleza espiritual del campo castellano:

  “Diré ahora una cosa, y es que cuando cruzo en cualquiera dirección los campos castellanos, yo, que hablé en el regazo de mi madre una lengua que no era la de Castilla, sino casi la misma lengua que los solidarios, no pienso eso, yo no siento eso, sino todo lo contrario, y la misma planicie del terreno suscita en mi ánimo sentimientos totalmente opuestos. Porque yo, cuando veo aquellos adobes con tejas, que por una cruz resultan ser un templo, que no tienen de templo otra muestra, digo: ahí habitaron los que con una loriga o sayo pardo y harapiento fueron a arrojar de los dorados salones de la Alhambra, de los alicatados de sus miradores y de los alabastrinos patios, a los señores de aquella cultura y de aquella riqueza; los que defendieron la cristiandad y los que rehicieron la nación…

           Y cuando yo veo un país tan pobre, tan aislado, que parece que no se comunica sino con las inclemencias del sol tropical y del cierzo helado, me acuerdo de que allí se ha asentado el pueblo que ha llevado a continentes dilatados y ha arraigado por los siglos de los siglos. Toda aquella cultura, toda aquella sabiduría política, toda aquella idealidad, que está en un monumento de eterna gloria de la corona de España, que se llama las leyes de Indias. Yo, en Castilla, veo lo que veo en esas personas predilectas de la espiritualidad, donde parecen que anidan las almas a quienes reservan la inteligencia y el amor los secretos de sus cumbres, con su cuerpo, acaso feo, irregular, como si la materia no se hubiese decidido a envolver por completo espíritus tan grandes…”

 

           ¡Madre mía! ¡Y que ahora nos tengamos que conformar con escuchar al Rufián dichoso! ¿A ver si va a ser verdad que a Diputado, a Gobernador Civil y hasta presidente del Gobierno se llega, como dijo el gran Belmonte, “degenerando”?