miércoles, 22 de marzo de 2017

FEDERICO BALART




Federico Balart nació en Pliego, un pueblo de Murcia, y llegó a tener cargos de enjundia en el gobierno de España. En sus ratos libres, este político, en lugar de dedicarse a hundir  Bankia, a gastar la pasta de las tarjetas black o a llevar contabilidades en B en el partido para comprase una casiña en Baqueira Beret, pues escribía versos. Azorín dice que era un poeta malísimo, prosaico y sin arte, pero su libro Dolores, dedicado a la mujer con la que se casó y que falleció dejando a Balart en un gran desconsuelo, fue un superventas de la época al modo y manera de un Escandar Algeet cualquiera. Balart fue amigo de Antonio Grilo, otro pobre poeta que ya está en el infierno del olvido y que en su día fue poeta favorito de don Alfonso XII y de su señora madre , doña Isabel II, que le pagaron una edición de sus poemas. Pero no todo va a ser pena porque el pobre Balart da nombre al IES de Pliego, su pueblo natal, y hasta tiene su callecita y todo. En fin, menos da una piedra, pero, si no se la quitan como al pobre Marqués de Lozoya o le cambian el nombre al IES como ocurrió en Guardo con el recientemente fallecido Claudio Prieto, se puede dar por contento allá en el parnaso en donde habite. O tempora, o mores! que traducido en el latín LOMCE viene a decir ¡Oh tiempos de los moros!

 

Para Dios no hay eventos, no hay acasos:
antes que el giro de la azul esfera
la eternidad a tiempo redujera,
contó mis horas y midió mis pasos.
El mal y el bien me brindan con sus vasos,
y esquivarlos en vano el alma espera,
que de mi vida la fatal carrera
mutaciones no admite ni retrasos.
Anterior a mi ser es mi destino;
tasadas mis acciones ab aeterno;
fija la suerte, ineluctable el sino:
¡y aun suponen que un Dios piadoso y tierno
puede abrir al final de mi camino
la sima tenebrosa del infierno!

 

 

2 comentarios:

  1. es más, tiene una estatua en el jardín de la Glorieta en la misma puerta del Ayuntamiento

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    1. Gracias, amigo, por este capote que me echas. No conozco Pliego, pero los versos de Balart me han gustado. El día que vaya por Murcia, me acercaré a Pliego y le rezaré un poema al pobre Federico balart del que nadie se acuerda. ¡Escriba usted para esto! Y me aplico el cuento.

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