domingo, 4 de junio de 2017

NÉSTOR LUJÁN O EL PLACER DE LA OBESIDAD


Néstor Luján era gordo y digo gordo porque no me apetece usar el eufemismo obeso: cada uno tiene que asumir sus defectos y, como en mi caso, también estoy gordo no por gusto sino por efectos secundarios de la vida, puedo llamar gordo a quien me plazca. Néstor Luján era gastrónomo y los gastrónomos de antes tenían vientres orondos alimentados por las buenas comidas; en la actualidad, los gastrónomos, gracias al minimalismo, están más flacos que el galgo de Lucas y algo atontados de tanto nitrógeno en los postres. Néstor Luján era un gordo y disfrutaba de serlo como le ocurría a mi señor don Álvaro Cunqueiro, que no se perdía ningún evento gastronómico en su reino de Galicia, a don Edgar Nevillae o al conde de Foxá que en una ocasión le dijo a un periodista: “Fumo puros, estoy gordo y soy conde: ¡Cómo no voy a ser de derechas!” Néstor Luján estaba gordo y su cara me ha recordado siempre a un pez extraño del litoral de su Cataluña natal, esa Cataluña en donde escribir en castellano y en catalán no era pecado. Néstor Luján dirigió la revista Destino, ésa que se cargó Pujol porque la sensibilidad literaria está reñida con las cuentas en Andorra (¿O no?). Néstor Luján escribió una novela sobre ese personaje que hoy, de haber vivido, ocuparía los programas del corazón, el señor conde de Villamediana y, en esa novela,  nos habla de las posibles siete muertes pagadas que sufrió el conde. El crimen del Conde, el crimen del impulso soberano, llenó de comentarios los mentideros de la Villa y Corte como casi cuatro siglos después lo llenaría el crimen de los marqueses de Urquijo. La novela de Néstor Luján, el hombre gordo con cara de pez, está muy planteada y se la escribió ( o mejor dicho, tal y como él confiesa, la dictó a un magnetófono, como aquél que tenía mi abuelo Julio para cantar sus fandangos,  en unas vacaciones) el estar gordo no embota las meninges y, como las novelas se escriben con el culo ( quiero decir que hay que pasar muchas horas sentado para terminarlas) el tener buenas posaderas ayuda mucho.



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